Somos máquinas de juzgar. Juzgamos de manera automática e imparable.

Juzgamos nuestras relaciones, a familiares, a amigos, juzgamos a compañeros de trabajo, juzgamos a nuestros clientes y ellos nos juzgan a nosotros. Juzgamos TODO.

juez-pelucaOpinamos sobre todo sin parar. Emitimos veredictos. Comparamos y diferenciamos. (Vaya!, estoy juzgando que juzgamos)

Cada vez que pensamos hacemos juicios. El pensamiento es juicio. Juzga nuestro Ego , que es dual, y busca sobrevivir y a veces es temeroso, envidioso… (vaya, sigo juzgando)

Juzgamos a competidores, juzgamos ideas, juzgamos intenciones, juzgamos noticias, juzgamos decisiones, juzgamos innovaciones… emitimos sentencias de bueno o malo, oportuno o inoportuno, válido o no válido, pasa o no pasa… Podemos ser injustos porque no tenemos toda la información del otro, todos somos diferentes, imperfectos, nada es todo fluye de manera dinámica y cambia, no hace al otro mejor, no ayuda a los demás.

Cuando alguien reacciona muy airoso, con enfado…  ante lo que interpreta fuera, es un tema de el. Los juicios hablan de nosotros, no de los demás.

Los juicios que hacemos a los demás, son los juicios que atraemos para nosotros. Todos los juicios que hacemos a otros, en realidad , nos los hacemos a nosotros mismos. Y nos proyectamos en nuestros juicios. Seremos los juicios que lanzamos contra los demás. Fuera no hay nadie.

Juzgar no es inocuo para ti. Te lleva al pasado, a emociones dolorosas que revives, te lleva a futuros que temes y que no existen salvo en tus proyecciones. Te hace perder energía en lo único que tenemos, el presente, el aquí y ahora.

Observa como haces juicios y verás lo que estas atrayendo a tu vida personal, social y profesional.

Hay que dejar de juzgar. ¿Cómo? Tomar conciencia de que no hay amenaza externa. Hay seguridad.

No hay escasez. Hay abundancia.

No hay separación. Todo es uno.

Todo es para bien. No hay nada que temer.

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Tomas Elorriaga

tomas@banpro.es

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