DOMESTICANDO NUESTRO EGO

Ante las circunstancias, sobre todo si son consideradas como adversas, muchas veces creemos que no damos la talla. A veces nos sentimos pequeñitos e incapaces, percibimos que las situaciones nos superan, tememos no poder afrontarlas, nos bloqueamos y nos ponemos tristes. Otras veces reaccionamos altivos y orgullosos queriendo imponer nuestra perspectiva a los demás, mostrando nuestro enfado. Cuando pasa el tiempo, miramos atrás, nos arrepentimos y nos decimos que NO HEMOS SIDO NUESTRA MEJOR VERSIÓN.

Una de las claves es tomar conciencia que tu mejor versión no puede venir de un ego desatado, altivo, enfadado, miedoso o triste que dirige tu actitud hacia lo negativo sino de un ego en calma. De un ego dominado por desvalorización, rabia o preocupaciones excesivas, van a venir más problemas que soluciones. Tu mejor versión emerge de la calma, del aprecio a ti mismo y a los demás.

El ego es esa parte de nosotros que nos suele dominar, es la parte que quiere derrotar a los demás, quiere estar por encima de los demás, coge y acumula lo material…y aunque tiene cierta utilidad, no es posible estar en calma ni en tu mejor versión.

“Desde el ego estás en un mundo de peligros,

desde el ego hay problemas y conflictos,

desde el eso se juzga.

desde el ego tienes que ganar,

desde el ego debes quedar por encima de los demás,

desde el ego debes dar buena imagen,

desde el ego tienes que controlar,

desde el ego tienes que defender,

desde el ego tienes que culpar,

desde el ego deben cambiar los demás,

desde el ego tu vida es esfuerzo,

desde el ego lo importante es tener lo material,

desde el ego importa mucho la acción,

desde el ego eres escaso,

desde el ego te apegas,

desde el ego la clave es la cantidad,

desde el ego debe haber resultado a corto plazo,

desde el ego eres imperfecto,

desde el ego estás solo,

desde el ego necesitas el reconocimiento de los demás,

desde el ego estás separado de tu poder,

desde el ego estarás bien cuando el entorno cambie,

desde el ego sobrevives… pero no vives.

Tomas Elorriaga”

Una parte de ti piensa que eres tu ego. Que el ego eres tú. El ego es una careta, la personalidad que te has construido, el rol que desempeñas. Tu eres el ser que está detrás o por encima de tu ego.

Usamos el ego consciente e inconscientemente para tapar nuestras limitaciones, las ocultamos, cambiamos a una careta que ofrece a los demás la imagen opuesta, hacemos un rol altivo cuando nos vemos pequeños, hablamos con grandilocuencia de nuestros logros para callar nuestras debilidades y engrandecer nuestra imagen externa… dime de que presumes, dime que críticas en los demás… y te diré quien eres.

Para algunos conocerse a sí mismo es conocer la propia personalidad, es decir, el ego. Si entendemos conocernos a nosotros mismos a este nivel superficial, este autoconocimiento cuando nos marcamos objetivos, hacemos planes desde aquí, mejoramos capacidades personales y queremos controlar las cosas para que suceda lo que nosotros necesitamos… el bienestar emocional es imposible.

Desde el ego se pone el poder fuera, desde el ego eres dependiente de los demás y de las circunstancias externas. No se puede ser creador de bienestar y felicidad desde fuera de ti.  Desde el ego son los demás quienes deben cambiar, desde el ego te defiendes, desde el ego sólo hay aprendizaje de nivel 1.

Si quieres vivir más satisfecho, con mayor bienestar, salud y felicidad debes sacar al ego del timón de tu vida porque bloquea tu propio bienestar. No debes matar al ego pero si domesticarlo sabiendo que los niveles de peligros, debilidades y necesidad de controlar que percibes desde aquí, están exagerados y sobredimensionados. Cuando tu ego grite los problemas, las debilidades y amenazas, debes recordarle que no exagere ni se alarme y conscientemente puedes decirte que son simplemente situaciones y que además existen soluciones, fortalezas y oportunidades por desplegarse.

“Ser y hacer lo normal es el objetivo de los fracasados” decía Carl Jung. Si hacemos como todos, permanecer en el ego desatado,  seremos del grupo de mayor “normalidad”, seremos como la mayoría,  porque hay muchos, pero no porque sea lo más adecuado, que es el camino que toman pocos. Carl Jung decía que “pensar es difícil, por eso la mayoría prefiere juzgar”

Puedes tomar esta perspectiva de que “tienes pensamientos, emociones, lenguaje, cuerpo y conductas pero no eres sólo esos pensamientos, emociones, lenguaje, cuerpo y acciones”. Puedes abandonar la separación y tomar la perspectiva de la unidad, de la conexión. Conectarte con tu parte menos consciente, conectarte con los demás que son tus espejos y conectarte a todo, que es tu proyección. Desde aquí lo mejor para ti y que es mejor para los demás y que es mejor para el mundo se alinean sin conflicto. Desde aquí todo es perfecto tal y como es, desde el ser surgen los valores, la autorrealización la trascendencia y la consciencia.

¿Y mis deseos? Puedes tener anhelos y deseos pero no “necesidades que obligatoriamente deben ser satisfechas de inmediato”. Sigue soñando y actúa desde la consciencia de que lo que te apasiona, es útil para los demás y el mundo ocurrirá tarde o temprano. Mientras, cada día lo agradeces y tratas de ser tú el cambio que quieres ver en el mundo. Desde este yo calmado emerge tu auténtica identidad, conectado a su poder interno al margen de lo que sucede fuera. Cuando actúas de Dentro hacia afuera no hay nada de lo que defenderse ni nada a temer. Si nada ni nadie ataca nos hay que defenderse ni ser el mejor.

Si reemplazas el miedo por la confianza de forma preactiva, es decir, por adelantado. Si empiezo con mi bienestar interior al margen de lo que suceda fuera, si cambio la escasez que sale por defecto por abundancia, la gratitud por la queja, el enfoque a lo positivo en vez de a lo negativo, la conexión en vez de la separación…entras en tu auténtica identidad y en tu mejor versión.

Observarse a sí mismo, es decir, ser el observador del observador nos permite ser testigo y disociarnos de nuestros pensamientos, emociones… y ego.

Calmarse y desapegarse del resultado, de lo material, aceptar sin juicio, observar sin evaluar ayuda a tomar una perspectiva diferente a la egoica.

La perspectiva de “yo soy el otro y el otro soy yo”, sentir la conexión con los demás nos ayuda a valorar a los demás sin desear su reconocimiento ni su sometimiento.

La dignidad del otro y la necesidad del diálogo sobre todo con quienes piensan diferente nos permiten crear entornos que funcionan

Tomar conciencia de los demás como un espejo de nosotros mismos y de nuestras proyecciones ayuda a tomarse con más aceptabilidad lo que interpreto que me ocurre

Tomar conciencia de somos creadores de lo que nos ocurre, ayuda a ver nuestro poder interior, nuestra capacidad de aprendizaje y nuestra abundancia.

Y desde aquí soy la mejor versión de mí mismo y un referente para que otros vean todo lo que pueden llegar a ser

Tomas Elorriaga

www.banpro.es

www.humaning.es

jung y el ego.png

 

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