En la vida a veces nos ocurren lo que llamamos problemas, enfermedades, dolor… es la adversidad.

La adversidad puede ser un error que cometiste, una expectativa frustrada, una gran decepción, una jugarreta dolorosa, algo que sale muy mal, puede ser un camino seguro que debemos abandonar, relaciones familiares o laborales tormentosas, alguien que nos deja, algo bonito que se apaga. Y nos descomponemos emocional y físicamente. Cuando además esta adversidad dura mucho tiempo, se repite una y otra vez y no se soluciona, le llamamos la “cruz de nuestra vida”.

Si sentirme mal añade estrés y mas problemas al problema, o bien cambio mi relación emocional con “los problemas” o cambio mis juicios sobre la adversidad. Esta forma de entender que podemos posicionarnos de otra manera ante la adversidad, es aceptar que hasta la adversidad es maestra, y que “todo es a la larga para bien”, para nuestro aprendizaje. Hay un verbo precioso: TRASCENDER. Trascender se refiere a ir más allá de los límites, significa superar las restricciones y limitaciones, es ir «más allá» de las referencias. No se trata sólo de ir más allá de lo que pasa “fuera” sino principalmente de cambiar “dentro” para que nuestro interior cambie lo de fuera, desde una nueva forma de relacionarme con lo que ocurre ahí fuera y aquí dentro.

Es desafiante esta concepción del ego, con un “dentro y fuera”, con “bueno y malo”… cuando se sabe que todo es “dentro” y todo es para “bien”. No hay fuera de mi una realidad al margen de mi y yo contribuyo a crear mi realidad externa. Parte de esa adversidad nos pertenece individual y colectivamente, sin ser culpables, la hemos creado y pedido “nosotros familia” o “nosotros sociedad”.

Puedes tratar de olvidar, pero la información no se pierde, permanece. Cada vez que un pensamiento o emoción desagradable me llega, lo acojo en vez de rechazar, lo escucho en vez de evitar, diálogo con las sensaciones a ver que me quieren decir. Y trato de desapegarme del momento, disociarme de la situación, no juzgarla, tomar conciencia… No te puedes sentir mal si no has hecho un juicio crítico. Somos seres lingüísticos y existimos en el lenguaje, que crea tu realidad. ¿Y si no juzgáramos? Si juzgas algo como “malo”, lo refuerzas, si algo niegas lo potencias pero si lo aceptas te transforma. Aceptar es reconocer que las cosas del pasado o presente son como son.

A veces seguimos culpando a alguien de nuestros males. ¿Y si dejáramos de culpabilizar o culpabilizarnos? La culpa nos ata al pasado, a tu vieja identidad. No te hace bien. Perdona y agradece y tira hacia delante. Deja de buscar “fuera” soluciones. Las importantes están muy cerca de ti, dentro de ti. El poder lo tienes tu, tanto si lo crees como si no lo crees.

No se trasciende desde el rencor, ni la venganza, sino desde la serenidad y la aceptación. El sufrimiento podría servir para despertar, pero es mal compañero de viaje. Para ello es necesario tomar conciencia, comprender desde una perspectiva que va mas allá de ti mismo, es necesario que comprendas a los demás…perdonarlos si hace falta aunque es mejor renunciar a perdonarles porque hicieron el papel que tenían que hacer.

Si ante la adversidad ya has aprendido, has tomado conciencia, es momento de soltar, de trascender. Trascender es no querer cambiar las situaciones como tu quieras que fueran, es no juzgar, es disociarse de la realidad, es no luchar por querer cambiar lo que no nos gusta…  ¿Y si trascendemos la dualidad? ¿Y si trascendemos nuestros pensamientos ‘ ¿Y si vamos mas allá de nuestras sentidos, sensaciones, emociones y conductas? ¿Y si trascendemos nuestra enfermedad? ¿Y si trascendemos nuestra propia identidad?

Consideramos que nuestra identidad soy yo, con mis problemas, con mis enfermedades, con mis miedos, con mis debilidades…pero mi yo esencial no tiene creencias, capacidades ni juicio… luego tampoco necesito de mis problemas para ser yo. Mis problemas no están en mi identidad. Nunca lo han estado aunque yo creía que eran parte de mi. Algunas de estas identidades no son nuestras, no son ciertas, además son del pasado y no son adecuadas para ti en este momento de tu vida.

trasciende tu cruz

Decía Juan Bosco que “debemos amar la cruz que Jesús ha puesto en nuestra espalda”… pero añadiría que una vez despertado y aprendido, se suelta la cruz, se perdona, bendice y agradece. Crecer, evolucionar o reinventarse es dejar una identidad y su cruz para empezar a dar pasos con una nueva identidad, un nuevo yo, una mejor versión de mi mismo, una nueva piel. Trascenderme a mi mismo. Entonces cambia la información y una nueva historia comienza, hay un antes y un después.

Trasciende quien eres, trasciende tu identidad. No es una solución rápida y superficial, sino un camino de autodescubrimiento de quien eres, una toma de conciencia de los conflictos emocionales inconscientes que mueven tus hilos y ser ese nuevo yo que lleve el timón de tu bienestar .

Mas información en: http://www.humaning.es/actividades

Tomas Elorriaga

Biólogo

tomas.e@humaning.es

 

 

 

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