En nuestra práctica de años ayudando en proyectos de innovación estratégica y tecnológica en productos y procesos en organizaciones avanzadas destacamos unas claves resumidas, pero profundas:

Innovar en nosotros mismos. Existen remedios, herramientas y métodos para innovar. Están ahí fuera y funcionan bien… pero la solución debe nacer principalmente desde dentro de nosotros mismos. Este es el problema central. Debemos innovar primero en nosotros mismos, en nuestro aprendizaje, en nuestro pensamiento y comportamiento.

Innovación estratégica. Aunque la palabra innovación no falta en ninguna estrategia de empresa, lo que hay detrás de dicha palabra, deja mucho que desear. A veces no hay plan de innovación, ni recursos asignados ni una actividad de generar proyectos de forma emergente, ni una cartera de proyectos. Otras veces se sigue potenciando mucho la innovación de procesos, que no tiene el poder de introducirnos en nuevos mercados como la innovación de producto, servicio o negocio. La estrategia y la innovación van juntas.

La innovación sistemática. Aunque el talento innovador es escaso, se puede sistematizar la innovación con herramientas con base de conocimiento para hacerlo de forma efectiva y veloz. La innovación ya no es un proceso de azar. Existen herramientas que guían paso a paso a un equipo en el proceso de innovar en producto, formular problemas, ayudan a superar conflictos técnicos y permiten anticipar futuras evoluciones tecnológicas. Podemos y debemos innovar en la forma de innovar.

La dimensión humanística de la innovación se deja en un 2º plano, pero la innovación genera y destruye competencias. La innovación genera temor, requiere gestionar la incertidumbre, potenciar la autoconfianza, mantenemos humildes, una actitud positiva, lograr el compromiso y gestionar la emocionalidad de forma hábil. La creatividad no va ligada al saber. Muchos expertos no son creativos. Estos factores culturales, emocionales, actitudinales y relacionales no podemos dejarlos al azar o considerar que no existen. Debemos innovar en personas.

La innovación se impide o se potencia desde la Dirección. La innovación suele ser abortada consciente o inconscientemente por los que detentan el poder y que evitan que se cuestionen hábitos y “verdades indiscutibles”. Nos cuesta desaprender, olvidar y “bajarnos del burro” incluso estando el burro dando muestras de fuertes debilidades o estando muerto desde hace bastante tiempo. Necesitamos institucionalizar una “desobediencia” organizada.

La innovación es una prioridad para las buenas direcciones de empresas.  La función de la Dirección hoy ya no está ligada al control sino a la innovación.

La innovación se convertirá en crecimiento y riqueza si se gestionan los 3 puntos débiles; que la innovación sea de verdad una estrategia de nuestras empresas, que se fortalezca la innovación sistemática y de que se potencie la vertiente humanística de la innovación. Las herramientas , los sistemas, las organizaciones y la metodología ya existen y funcionan.

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