CUANDO EL EGO TRAICIONA EL ALMA

El ser humano tiende a no llevar a cabo lo que planifica y a pesar de ello, es capaz de sentirse medianamente bien.

Nos apuntamos a un gimnasio y no vamos, nos saltamos un régimen alimenticio, fumamos cuando hemos dicho que lo dejamos y en el trabajo no hacemos lo acordado para lograr los compromisos adquiridos.

Lo lógico es que nuestras creencias se trasladen a la acción, pero la conducta humana no sigue la lógica racional.

Preguntas para la reflexión:

¿Conoces a alguien que diga A y haga B?

¿Has visto a personas inteligentes haciendo cosas irracionales?

¿Por qué cuando tenemos libertad para decidir y actuar hacemos lo que no nos conviene?

¿Tienes la sensación de estar saboteando tus deseos?

¿Fallas en tus predicciones sobre tu propia conducta?

¿Cómo cambiamos nuestros actos y luego nuestra opinión para justificar la actitud tomada?

 La estructura es la siguiente:

Nuestros:

  • objetivos,
  • propósitos,
  • ideas,
  • declaraciones y
  • promesas…

con frecuencia, no los logramos porque:

  • no siempre llevamos a cabo las acciones,
  • nos bloqueamos,
  • no somos persistentes en la acción hasta el final o
  • hacemos un sucedáneo u otra acción distinta

Y después, para sentirnos mejor decimos:

  • No estaba claro,
  • Justificamos el no hacer,
  • Es que las circunstancias no son las mismas
  • Culpamos a otros factores que no dependen de nosotros
  • Culpamos a otras personas

Las consecuencias son:

  • Sentirme algo mejor
  • No aprender de los errores
  • Seguir igual
  • No lograr nuestros objetivos

Leon Festinger en 1962 observó que ante una incoherencia entre lo que pensamos y lo que hacemos nos sentimos mal por “disonancia cognitiva”. Para aliviar nuestro malestar  interno por no hacer lo que sabemos que debemos hacer en realidad, preferimos cambiar la forma de pensar.

Cuando debemos tomar una decisión entre varias alternativas, “la disonancia cognitiva” puede hacernos decidir lo que a la larga, no nos conviene. Cambiamos nuestras creencias en vez de cambiar nuestra conducta y la realidad externa.

Con frecuencia no hacemos lo que debe hacerse, hacemos lo que no había que hacer y luego justifico mi actuación o mi parálisis.

Para justificar la “no actuación correcta” o “la actuación incorrecta” necesitamos una simple explicación basada en autodisculparnos, argumentando que no se tuvo el control o que nos afectaron unas circunstancias excusantes, que no quedó claro… que permita engañarnos a nosotros mismos. Es necesario creernos algo estas mentiras que nos contamos.

Hacerse trampas al solitario en nombre de la aparente coherencia.

Sin embargo lo que subyace es que no siempre somos responsables, porque no somos conscientes del autoengaño cognitivo, no nos hacemos cargo de nuestros sueños y podemos obtener dolorosas ventajas no conscientes de nuestra parálisis.

El sabotaje en nombre de la coherencia.

Salir uno “mentalmente bien” tras no decidir ni hacer lo que conviene hacer tiene un alto precio para uno mismo y para toda la organización. Surgirán problemas mucho peores a nivel personal, conflictos con la jerarquía o los compañeros, bloqueos estratégicos, falta de confianza y compromiso, malos entendidos por evitación de diálogo, pérdida de moral por falta de logros y la pérdida de credibilidad dentro y fuera en la organización.

Resolver nuestra disonancia cognitiva rebaja el conflicto dentro de nosotros y nos hace momentáneamente sentirnos mejor, pero en realidad, el conflicto profundo aumenta aunque queda tapado. Nuestra manipulación para crear coherencia donde no la hay tiene un alto precio: Nuestro ego traiciona su alma.

Las personas sabias son conscientes, no solo analizan la realidad externa sino su interpretación modificada, se dan cuanta cuando cambian de criterio, tienen conciencia de cuando se centra en la justificación, tienden a eliminar excusas, están menos en dependencia emocional y más en el ser.

Somos más que nuestro ego y nuestro ser es un aliado en nuestra prosperidad: Conviene reconocer las motivaciones no conscientes, saber cómo nos saboteamos con creencias destructivas sin darnos cuenta y como nos hacemos daño inconscientemente a nosotros mismos.

Tomas Elorriaga

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